"Yo me fabrico, me uso y me recomiendo" – Reflexiones de un evento que marcó mi vida

Hace un mes atrás, con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer, participé junto a un grupo de mujeres extraordinarias del segundo conversatorio Coffee Talk para Mujeres "Yo me fabrico, me uso y me recomiendo", celebrado en la Universidad Metropolitana (UMET) de Cupey. Fui invitada por la profesora y coach, Marla Berdecía, cuya misión es la de impulsar el empoderamiento personal, social y profesional de las féminas en nuestra Isla. El motivo de la invitación fue todo un privilegio para mí y aunque, un poco tarde por los trajines del diario vivir, quiero compartir lo que significó en mi vida esta experiencia.  Como dice el refrán, creo que nunca es tarde cuando la dicha es buena y cuando tienes la oportunidad de destacar aquello que te marca, te permite crecer y te brinda la esperanza de que cosas buenas tienen que suceder para nuestro país.

En primera instancia, la ocasión sirvió para conocer a grandes profesionales que forman parte de las estadísticas que apuntan a que las mujeres son las que, a pesar de la nueva realidad económica que vivimos, están metiendo mano para construir un mejor futuro para el país. En Puerto Rico, según el último censo federal, el 52 por ciento de la población son mujeres. Estadísticas del Departamento del Trabajo indican que un 32 por ciento de la fuerza laboral está compuesta por féminas. Mientras, un 39 por ciento de los hogares en el país son liderados por mujeres. El conversatorio, en el que se expusieron historias de mujeres del sector educativo, de la belleza, de la gastronomía, de la decoración y en el que también participaron líderes sociales y de transformación, abogadas, escritoras e ingenieras, reconfirmó lo que dicen las estadísticas que son miles las mujeres que salen a diario a la calle a levantar sus familias y el país. 

De otra parte, este evento me permitió reflexionar sobre lo mucho que como sociedad nos falta por recorrer para erradicar las desigualdades sociales que vivimos las mujeres. Ciertamente, hemos logrado avances en significar los conocimientos, las capacidades y el liderazgo de nuestras féminas. Pero las estadísticas locales siguen apuntando a que, a pesar de que las mujeres tienen un nivel de educación mayor y que, cada día, son más las que se gradúan de nuestras universidades en comparación con los hombres, las féminas continúan desempeñándose en el sector terciario en un mayor porcentaje. Es decir, ocupan más empleos administrativos de oficina, como secretarias y oficinistas. Mientras, participan muy poco de trabajos ejecutivos y de posiciones de poder. Y no entremos en la discusión relacionada a la remuneración económica según el género porque de seguro no terminaríamos.

Finalmente, con mi participación en el conversatorio y escuchando a las demás exponentes reconocí la necesidad que existe de convertirnos en agentes de cambio y, a través de nuestra historia, poder ofrecerle herramientas a nuestras pares para que sepan que no están solas y que somos la fuerza que, sin lugar a duda, logrará la transformación de nuestro Puerto Rico. Soy vivo ejemplo de lo que es luchar en una industria (ingeniería) en la que las mujeres viven demostrando que podemos ser igual de capaces que nuestros compañeros. Constantemente, somos víctimas del menosprecio porque la gente suele pensar que no somos capaz de resolver problemas o hacer el mismo esfuerzo físico que un hombre. También represento a la mujer jefa de familia que, de un día para otro, se ve en la necesidad de transformarse y dejar a un lado todo lo que conlleva ser empleada para dar paso a su propio negocio. Un negocio propio que te da la libertad de poder cumplir con tus múltiples facetas (madre, jefa de un hogar, profesional, emprendedora) aunque signifique tener que batallar contra miles de obstáculos que no enfrentas cuando tienes un empleo y sueldo seguro. Además, creo firmemente y con esta invitación lo revalidé que debemos unir nuestras voces y contribuir a que más mujeres se empoderen para seguir avanzando en la lucha por alcanzar el sitial que nos corresponde.

Gracias, Marla y a cada una las participantes del conversatorio por compartir sus historias y por lo que aportaron con cada una de ellas. Sigan con su gran misión. A las mujeres que puedan leerme las invito a sacar todo su liderazgo, su lado creativo e innovador, la capacidad innata que tenemos para resolver problemas, y ese don divino que tenemos de sobreponernos a cualquier obstáculo.